Corte australiana decidirá si ratifica condena por pederastia a cardenal Pell

El cardenal George Pell, el antiguo tesorero y exnúmero tres del Vaticano que fue condenado en Australia a seis años de cárcel por pederastia, conocerá el miércoles el fallo sobre su recurso de apelación que, de tener éxito, podría suponer su liberación el mismo día.

Pell, encarcelado desde febrero, se convirtió en diciembre en el máximo jerarca de la Iglesia católica en ser declarado culpable de pederastia y cumple una condena de 6 años por cinco cargos, entre ellos el de penetración oral, por hechos perpetrados contra dos integrantes del coro del colegio St Patrick's, en la ciudad de Melbourne, entre 1996 y 1997.

La apelación del prelado de 78 años fue presentada ante el Tribunal Supremo del estado australiano de Victoria, cuya capital es Melbourne, aunque el fallo que se emita mañana no agotará la batalla legal, dado que cualquiera de las partes puede recurrir al Tribunal Superior, la máxima instancia judicial del país.

El fallo, que deberá ser respaldado por al menos dos de los tres jueces a cargo del proceso, puede confirmar la sentencia; ordenar un nuevo proceso, lo que abriría la puerta a conceder la libertad bajo fianza al cardenal; o absolverlo, lo que implicaría su puesta en libertad.

"El miércoles las víctimas de pederastia de todo el mundo esperarán con el alma vilo hasta que se produzca una de las decisiones legales más importantes de la historia reciente", expresó en un comunicado la abogada Lisa Flynn, que representa al padre de uno de los niños, fallecido en 2014 por una sobredosis de heroína.

Esta víctima, únicamente identificada como "R", nunca denunció los hechos y fue a raíz de su muerte que "J", a quien Pell presuntamente penetró oralmente y después estrujó los genitales en otro incidente un mes después, decidió denunciarlo ante la Policía de Victoria.

Peter Kidd, el juez que condenó a Pell en marzo, le dijo entonces que "todas las ofensas, en los dos episodios, son significativamente más serias debido al entorno o las circunstancias contextuales, en concreto, la violación a la confianza y el abuso del poder".

"Desde mi punto de vista, su conducta estaba impregnada de abrumadora arrogancia", expresó entonces el juez Kidd.

Pero la defensa, liderada por Bret Walker, ha argumentado durante el proceso de apelación que el jurado no pudo haber dictado un veredicto de culpabilidad más allá de toda duda razonable argumentando que se basó únicamente en el testimonio de la víctima sobreviviente y no se presentaron otras evidencias.

Además de este argumento central, la defensa alega que se cometió "irregularidad fundamental" durante el proceso, ya que no se brindó a Pell la oportunidad de declararse "culpable" o "no culpable" frente al jurado, tal y como dictaminan varios artículos de la Ley de Procedimiento Penal australiana.

El tercer argumento es que el juez Kidd debió permitir que el entonces abogado de Pell, Robert Richter, presentara al jurado un vídeo animado de 19 minutos en el que intentaba reconstruir su versión de los hechos, pero que fue rechazado para evitar la posibilidad de que el jurado lo considerase factual.

Si los jueces reconocen que hubo irregularidades, pueden ordenar un nuevo proceso, que sería el tercero, tras lo cual quedaría en manos de la Fiscalía seguir adelante o no con la batalla legal.

Si los jueces confirman la sentencia inicial, Pell continuaría cumpliendo su condena, que le permite salir en libertad condicional en 2022, aunque con la posibilidad de recurrir la decisión ante la máxima instancia judicial de Australia.

"(Pell) parece espiritualmente fuerte. Creo que esto le está pasando factura. Está en confinamiento solitario por 23 horas. Sólo puede salir de su celda una hora al día", comentó a la televisión australiana la semana pasada el arzobispo Peter Comensoli, quien visitó a Pell en prisión.

El cardenal, de 78 años, nació en Ballarat, en el estado australiano de Victoria, y fue arzobispo de Melbourne y Sídney antes de ser nombrado en 2014 prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, el cargo más alto después del papa y el secretario de Estado del Vaticano.  

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