Selma Blair ha hecho planes para su posible muerte

Este jueves Selma Blair asistió a una conferencia sobre salud organizada por la revista Time ataviada con un favorecedor traje rosa, apoyándose en su bastón habitual y luciendo una sonrisa de oreja a oreja.

Sin embargo, hace un año la actriz se encontraba en una situación muy diferente: hasta aquel momento los tratamientos a los que había recurrido para lidiar con la esclerosis múltiple que le diagnosticaron en agosto del año pasado no habían dado los resultados esperados.

La última opción que le ofrecieron fue someterse a un ciclo muy agresivo de quimioterapia y posteriormente a un transplante de células madre, pero ella era muy reacia a seguir ese curso de acción.

"Mi estado estaba deteriorándose mucho más rápido de lo que me parecía aceptable y yo no tenía ninguna intención de permitir que me dieran quimio porque no quería destruir lo poco que quedaba de mi cuerpo. ¿Por qué iba a querer inyectarme un cóctel de drogas tan letal? ¡Si yo ni siquiera tenía cáncer! Pero no me quedaban más alternativas", ha explicado durante su comparecencia en una de las charlas organizadas a lo largo de la jornada.

Cuando finalmente decidió que efectivamente no le quedaba otra alternativa que enfrentarse a sus miedos y someterse a ese tratamiento, Selma tuvo que enfrentarse al duro trámite de poner en orden sus asuntos personales, incluyendo explicarle a su hijo de ocho años por qué mamá tendría que empeorar aún más antes de empezar a encontrarse mejor, y decidir qué querría que se hiciera con su cuerpo en caso de que falleciera en el proceso.

"Me advirtieron de forma muy clara cuáles podían ser las consecuencias, así que básicamente te ves haciendo planes para tu propia muerte, por si sucede. Se lo expliqué todo a mi hijo y él me dijo que preferiría que me incineraran", ha recordado.

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