21 Savage todavía teme que le deporten tras ser puesto en libertad este jueves

El rapero 21 Savage ha concedido su primera entrevista después de ser detenido hace un par de semanas por el servicio de inmigración estadounidense acusado de sobrepasar la estancia legal en el país que le permitía su visado.

Aunque el artista nació en Londres, a los siete años se mudó a Estados Unidos con una visa H-4, que permite a los familiares directos de los titulares de una visa H (de trabajo temporal) vivir junto a ellos en el país, y así continuó hasta 2006, cuando su permiso expiró.

Desde entonces se encontraba en una especie de limbo legal a pesar de que había solicitado su renovación hasta en dos ocasiones, la última de ellas en 2017, que irónicamente habría dado pie a la investigación sobre sus antecedentes que acabó con su detención.

El músico fue puesto en libertad este mismo jueves y un día después se ha sentado a charlar con la presentadora Lindsey Davis del programa "Good Morning America" para aclarar su actual estatus legal el abogado que le ha procurado su amigo Jay Z afirma que siguen trabajando para conseguirle la ciudadaníay ofrecer su punto de vista sobre las teorías que afirman que ha sido víctima de un complot por sus críticas a la política de inmigración de la administración actual.

"Mis representantes legales creen que sí. Yo no lo sé. No sabría decirte. Comprendo por qué alguna gente podría pensar que sí, pero yo no puedo afirmarlo", reconoce el artista, que ni siquiera recuerda qué sucedió exactamente el día de su arresto."No lo sé. Estaba conduciendo y de pronto empecé a ver pistolas y luces azules. Y de repente me encontré en el asiento trasero de un coche y todo había acabado. No me dijeron nada, solo repetían: "Tenemos a Savage'".El artista es por supuesto consciente de que aún podría ser deportado sin importar sus esfuerzos por solucionar su irregular situación, pero ha acabado por asimilar que esa es una posibilidad muy real.

"Siento que he pasado por tanto a lo largo de mi vida, que he aprendido a aceptar los momentos más bajos porque me han hecho más fuerte y me han ayudado a llegar a otros niveles", asegura acerca de su incierto futuro que afronta con una mezcla de resignación y pesimismo. "Así que, aunque esté sentado en mi celda 23 horas al día, en mi mente ya sé lo que va a suceder después. No me alegro de que así sea, pero lo acepto".

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