Hailey Bieber ha luchado muy duro por su carrera como modelo

Como miembro de una de las dinastías más famosas del cine por parte de su padre, el actor Stephen Baldwin, Hailey Bieber creció bajo los focos de la atención mediática y, al igual que muchos otros hijos de celebridades, encontró su vocación en el mundo de la moda.

Sin embargo, la carrera que le ha llevado a convertirse en una de las maniquís más demandadas del momento, en especial tras su enlace con la estrella del pop Justin Bieber, no ha sido precisamente un camino de rosas.

A diferencia de otras jóvenes con apellidos famosos como Kendall Jenner o Bella Hadid, que sí superan el metro setenta y cinco considerado tradicionalmente como el mínimo para pisar una pasarela, a excepción de unos pocos casos como el de Kate Moss, Hailey no alcanza esa estatura y eso ha supuesto un obstáculo muy difícil de salvar.

"Soy más baja que la mayoría de las otras chicas. Aunque mido 1,70, no estoy ni de lejos hecha para las pasarelas y me solía sentir inferior cuando me comparaba con algunas de mis amigas. Solo hay que fijarse en Kendall o Bella o Gigi: ellas son altas y aparecen en todos los desfiles importantes", explica en una nueva entrevista a la edición australiana de Vogue.

En consecuencia, su éxito en la industria ha sido muy "paulatino", por mucho que algunos lo relacionen directamente con su matrimonio. En realidad, ella ya había aprendido a buscar otras líneas de trabajo en las que su altura no supusiera un obstáculo, como por ejemplo siendo imagen de distintas marcas o centrándose en los editoriales de revistas, mucho antes de convertirse en la señora de Justin Bieber.

"Durante mucho tiempo, una parte de mí dudaba que pudiera dedicarme realmente a esto. Mucha gente, incluyendo directores de casting, decían que no les parecía una modelo de verdad", recuerda ahora. "A veces todavía siento que no he encontrado del todo mi lugar, pero creo que voy por el buen camino".

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